22/6/11

Por la Alberca y Gredos


Elegimos como destino para esta escapada el Sur de la provincia de Salamanca para conocer en primer lugar la comarca de La Alberca.

Adentrados en la provincia de Zamora, abandonamos la autovía de las Rías Bajas en Rionegro del Puente para tomar la carretera N-631 en dirección a la capital de la provincia.

En los primeros 150 km. incluso soportamos algo de frío en tanto no se disipan las nubes que dan paso a un sol reconfortante
Cuando divisamos los primeros nidos de cigueña no resistimos la tentación de detenernos para contemplarlos y hacer unas fotografías. Siempre constituye un reencuentro satisfactorio porque en Galicia no recibimos la visita anual de estas grandes viajeras.




A medida que nos aproximamos a Salamanca se va extendiendo la enorme llanura de amarillentos campos de cereal y suaves ondulaciones, que se asemejan a las pinturas de Van Gogh.



En el complejo La Rad situado en el km.251 de la N-320 comemos en la terraza atendidos por una simpática y atenta pareja de puertorriqueños.




En pocos km. el paisaje se transforma y aparecen las primeras dehesas de praderas y encinas. Descubrimos un campamento con pequeñas construcciones se mejantes a tiendas canadienses, pero se trata de un camping singular habitado por los celebérrimos marranos ibéricos que se afanan en nutrir los suculentos jamones en previsión de una futura visita de unos ghatos de Denia.






Desde Maillo, ya enfilamos el último tramo entre un bosque de robles. Volvemos a estar entre montañas y enseguida divisamos la Peña de Francia que destaca con sus 1.723 m. de altitud.
Cuando llegamos a la base parece que la tenemos a un tiro de piedra, sin embargo es preciso reccorer 11 km. de empinada y virada carretera para llegar a la cima.



Las vistas a medida que vamos ascendiendo van ganando en espectacularidad y también en amplitud. En el último tramo hay bastante arena que invita a la precaución, no hay prisa y lo tomamos con tranquilidad.



Además del santuario y una hospedería, en la parte central de la explanada hay un reloj de sol por el que se accede a unos pequeños túneles que conducen a pequeños miradores con vistas a muchos km. de perímetro, especialmente los orientados a las extensas llanuras del Norte.





Para facilitar la identificación de los pueblos que se avistan desde esta atalaya, han instalado en el muro del mirador un curioso sistema de "mirillas" que facilitan la localización.

Ya solo nos quedan un puñado de km. para llegar a nuestro destino de hoy, así que subimos de nuevo a la grupa de la Diversión, que a medida que han ido transcurriendo las horas la hemos notado más dura. Descendemos disfrutando el paisaje montañoso hasta que entramos en La Alberca.





Como habíamos imaginado, la entrada y primera impresión del pueblo es sensacional y poco más tarde tendremos ocasión de confirmarlo. Ahora localizamos nuestro alojamiento, el Hotel las Batuecas.
Está situado en una parcela cerrada y rodeado de una extensa zona ajardinada con grandes nogales, castaños y cerezos, muy bien situado y sobretodo muy tranquilo.


El interior es añejo, pero la habitación es muy confortable y limpia. Por otra parte la atención del personal es cordial y muy agradable. Nos encontramos muy cómodos y con la ventaja de dejar la moto en un recinto cerrado, rodeada toda la noche de presunciosas BMW.
El precio, con el abundante y variado desayuno incluido es de 55 €+ IVA.






Una vez alojados y aparcada la moto, pasemamos por las calles de La Alberca. La originalidad de la arquitectura, tanto de los casas como de las calles, es el principal atractivo de este pueblo y por ello recibe muchos miles de visitantes todos los años.

En la magnífica Plaza Mayor se evidencia la singularidad y originalidad de La Alberca. Este es el lugar de obligado encuentro en torno al ambiente bullicioso de las terrazas de posadas y mesones y es donde se concentran todos los acontecimientos más relevantes.



La mayoría de las casas tienen 3 plantas y un desván que utilizaban para curar y secar los productos de la matanza.
En las fachadas de granito con las vigas de madera a la vista, abundan las inscripciones, generalmente de carácter religioso, con balcones muy adornados y los típicos bancales de granito para ver transcurrir la vida.



Para cenar elegimos con mucho acierto el Restaurante La Fuente en una de las esquinas de la Plaza Mayor, en la calle Tablao 8. Tomamos las patatas meneás fabulosas, muy típicas de esta zona y carilleras estofadas.
Cuando regresamos ya apenas queda gente por las calles y el ambiente nocturno y solitario le confiere un aspecto mágico.


La mañana siguiente amanece soleada y con una temperatura muy agradable que aprovechamos para recorrer los alrededores del hotel, después de haber descansado durante un rato de la tranquilidad de la cómoda terraza.



Nada más salir en dirección a San Martín de Castañar hacemos una breve parada para contemplar por última vez las vistas hacia la Peña de Francia en medio de un matorral en el que abunda la lavanda y las zarzas coloridas.


Desde ese punto la carretera vuelve a internarse en un bosque de robles y helechos muy parecido a los que podemos encontrar aquí en Galicia. Las ramas espesas forman en algunos tramos túneles verdes hasta que súbitamente se abre el claro y aparece una plantación de cerezos exuberantes con las ramas arquedas por el peso de las cerezas.





Una familia nos ofrece generosamente ¡2 cajas gratis! que por razones obvias rechazamos cortesmente. Aceptamos probarlas y sobra decir que están exquisitas.
Es decepcionante conocer que se las pagan a 60 céntimos y nosotros las compramos a 5 €/Kg. Los beneficios como siempre son para los mismos.


San Martín del Castañar es un precioso pueblo serrano presidido por la ruina del castillo, que data del siglo XV. En la plaza del pueblo hay una gran fuente y las fachadas con balcones de madera ricamente adornadas conforman la armoniosa arquitectura.




La antigua plaza de toros era utilizada en la antiguedad como plaza de armas del castillo.


Proliferan en las fachadas escudos, inscripciones y esculturas, consecuencia del pasado señorial del pueblo.


El siguiente destino es Candelario, situado a 3km. de Béjar. De camino paramos a comer un menú aborrecible en la terraza de un bar de carretera, pero con excelentes vistas hacia el pueblo (Bar Terraza Restaurante Ventorro Pelayo C. B.).


Candelario es un pueblo descolgado en la falda de la Sierra de Béjar con empinadas y estrechas callas en las que abundan regueros de agua canalizada a la vista. La ermita del Cristo del Refugio nos da la bienvenida.


Una de las peculiaridades de Candelario son las batipuertas que están instaladas en la puerta de entrada de las viviendas con una doble misión. Por una parte proteger la entrada de la casa de los rigores invernales y por otra parte proteger también al matarife de los ataques de las reses.


Aún quedan muchos km. para concluir la jornada camino de Arenas de San Pedro. Una vez que dejamos atrás el Barco de Ávila y giramos hacia Plasencia, pasando por el Puerto de Tornavacas, aparece ante nosotros el Valle del Jerte.


Descendemos escoltados por miles de cerezos dispuestos de forma escalonada a ambas laderas del valle y regados por el Rìo Jerte. No imaginábamos tantísima cantidad de cerezos que se extienden por el amplio valle.

Desde Plasencia ya tomamos dirección hacia la Comarca de la Vera por el valle que ha cincelado el Río Tiétar siguiendo la carretera EX-203. La primera parada la hacemos en Cuacos de Yuste con el propósito de visitar el Monasterio, pero lo encontramos cerrado.



Contrariados por esta oportunidad perdida de visitar y pisar el Monasterio de Yuste, a donde decidió retirar el Emperador Carlos I hasta su muerte en 1.558, sin duda el hombre con más poder de su tiempo y uno de los personajes más importantes de la historia de España.


A 1 km. del Monasterio de Yuste se encuentra el cementerio militar alemán, construido en la década de 1980. Con la colaboración de las autoridades alemanas, se reunieron en este cementerio los restos de soldados alemanes fallecidos en la Primera y la Segunda Guerra Mundial.



Las cruces de granito oscuro son todas iguales y llevan la inscripción del nombre, grado, fecha de nacimiento y de fallecimiento de cada uno de los soldados. Sobrecoge comprobar que la mayoría de los soldados que aquí descansan no alcanza los 25 años de edad.


Mucho más tarde de los previsto llegamos por fin a Arenas de San Pedro, alrededor de las 10 de la noche agotados tras un largo día de moto y paradas.
Nos reconforta el amabilísimo recibimiento de los propietarios de la Posada de la Triste Condesa y la belleza de la estancia con todos los elegantes detalles que la decoran.



También los pájaros vienen a disfrutar de esta extraordinaria y bella posada disfrutando con nosotros de la hospitalidad de los propietarios y del ambiente fresco del patio interior, entre jazmines y glicíneas.



El magnífico desayuno al aire libre está en consonacia con la comodidad de la habitación. Salimos a continuación para volver a visitar el Castillo del Condestable Dávalos, conocido también por Castillo de la Triste Condesa, en torno al cual ha ido creciendo el pueblo.


Actualmente este castillo es auditorio municipal, museo y sala de exposiciones. La Iglesia de la Asunción situada en las inmediaciones es otro de los referentes arquitectónicos de Arenas de San Pedro.
Desde ese punto regresamo a nuestra posada favorita para cargar definitivamente la moto con las dos maletas y abandonar muy a nuestro pesar Arenas de San Pedro, donde dejamos muchos lugares interesantes por descubrir y visitar detenidamente. Hacemos el propósito de regresar algún día.


Desde Arenas salimos en dirección Avila en la carretera en muy buen estado y fuerte pendiente, aunque lo mejor queda por llegar.


A la altura de Monbeltrán destaca su castillo en una colina de olivos y frutales. Por detrás están las escarpadas cumbres de la Sierra de Gredos.


A partir de aquí la excelente carretera es una sucesión de curvas dispuestas en pendiente vertiginosa. La copiloto disfruta de las vistas sobre la falda Sur de la Sierra de Gredos y sobre el valle que vamos dejando detras, el piloto se concentra en trazar adecuadamente todas las curvas y cambios de desnivel.
Llevamos las maletas muy cargadas, pero a pesar de ello la moto sube con desahogo y con solvencia.


En el Puerto del Pico finaliza la ascensión. Nos sorprende al llegar la gran cantidad de moteros reunidos en este lugar. Llegan unos y otros salen sin interrupción, casi todos en agresivas R.
Pero la Vieja Yamaha despierta también la curiosidad de otros colegas, aunque tal vez se trate de la gran cantidad de insectos que a esas alturas cubren el carenado.






Aprovechamos esta oportunidad excepcional para inmortalizarnos en este puerto mítico de los moteros.

Sin embargo, otros habitantes de los frescos y abundantes pastos en esta época del año, parecen ajenos a todo el ajetreo moteril y saborean plácidamente la quietud de la alta montaña.



Perduran en el Puerto del Pico vestigios lejanos de la historia. La Calzada Romana, llamada también Cañada Real Leonesa, es de las mejor conservadas que quedan actualmente en España y fue trazada por los romanos dos siglos antes de Cristo.


Otro de los vestigios históricos más recientes (no me refiero a la motera) es esta señalización de la distancia a Madrid expresada en castizas leguas.


Continuamos el largo camino de regreso por esta hermosa carretera mientras el paisaje vuelve a suavizarse progresivamente. Desde el Puerto de Menga iniciaremos el descenso en dirección a Avila.


Para el resto del recorrido de regreso vamos realizando las paradas necesarias por imperativo del imprescindible descanso.


Aún nos detendremos una vez más en Tábara (Zamora) a contemplar y fotografiar esta bella iglasia románica, otras veces visitada, que contituye uno de los pùntos de parada obligatoria para los peregrinos que recorren la Vía de la Plata en dirección a Santiago de Compostela.
Recorrimos en total 1.498 km. con un consumo medio del 5,97%, consumo que consideramos bastante ajustado teniendo en consideración el número de puertos de montaña que cruzamos, la carga transportada y a veces la velocidad media con viento fuerte de frente. El gasto en combustible fue de 118,38 €.
Regresamos satisfechos de los lugares que conocimos y de todas las personas con las que tuvimos oportunidad de conversar. Es cierto sin embargo que para ocasiones futuras la planificación será diferente, para no dejar lugares interesantes sin ver por falta de tiempo o por llegar tarde.
Hasta pronto.


























































































































5 comentarios:

CARLOS dijo...

Un recorrido precioso, en parte me trae grandes recuerdos de los días que pase en esa zona, me alegra ver lugares en los que hemos estado y otros que no conozco y de los que tomo buena nota para un futuro viaje, un bonito recorrido. Saludos.

Freebird dijo...

Que gran ruta compañero!seguro que la has disfrutado tela marinera... muchas de la localidades que has visitado me resultan muy familiares por su proximidad, en concreto la Sierra de Gredos que es un destino del motorista todos los fines de semana.
Gracias por compartirla, un saludo.

Slow Rider dijo...

Una preciosidad de viaje.. gracias por llevarnos con vosotros ;)

Diarios de una Bultaco dijo...

Un bonito viaje por zonas de sierra. Que envidia realizarlo en moto!!!
Saludos,

GATHO dijo...

Chachi.
Me fascinó la Alberca porque lo vi en el programa cuarto milenio. Fui a verlo y aparte de lo mágico era todo bonito, bien adornado, etc.
Me has hecho recordar buenos momentos.
Miauuuuuuuuuuuuuuuuuu.