30/6/09

Una forma diferente de viajar


Resulta complicado definir la experiencia de viajar en moto sin caer en tópicos recurrentes. Nosotros estamos iniciando esta experiencia gratificante en nuestra Yamaha Diversion 900, que ya tiene 10 años a sus espaldas, pero llevados con la dignidad de haber pertenecido a un manitas que la ha mimado, cuidando de hacer revisiones periódicas más allá de lo exigido por el manual de mantenimiento.

Por otra parte, siguiendo escrupulosamente las recomendaciones de la DGT y sobretodo porque la disfrutamos así, viajamos con sosiego, sin prisas.

¿Inconvenientes? ¡claro que los hay!. Viajar en moto implica renunciar a determinadas "comodidades", a ajustar el volumen del equipaje, exponerse al riesgo de un aguacero o una pertinaz borrasca..., pero amigos, tiene otras compensaciones que dificilmente pueden transmitirse a quienes simplemente las motos no les gusten o sientan miedo.

De forma progresiva estamos incorporando algunos complementos indispensables para hacer pequeños viajes más cómodamente. La moto venía equipada con las dos maletas laterales y fue preciso comprar el baul trasero. Lo pedimos a Andorra buscando en San Google y nos ahorramos 50 €.

Tambien venía equipada con el cubredepósito en cuero. La funda de depósito constituye un accesorio muy interesante, porque además de protegerlo de arañazos y las inevitables rayaduras, permite adosarle bolsas portaequipajes con la parte superior transparente para llevar a la vista el mapa de Calahorra o los planos del mechero a vapor, pongamos por caso,(tambien las traía).

En la primera escapada, además de acordar hacer paradas periódicas, comprobamos que al romanticismo de viajar a lomos de la yamaha, era preciso y aconsejable incorporar un instrumento que nos permitiese comunicarnos. Puede alguno/a pensar que hacer quinientos kilómetros comunicandose con pequeños o no tan pequeños golpes en la espalda o mediante gestos es una bendición, pero no, malvados/as lectores.

Así es que para nuestra segunda aventurilla viajera disponíamos de dos flamantes intercomunicadores inalámbricos insertados en los respectivos cascos que se activan automáticamente por voz y con enorme autonomía de carga. Los artilugios, que por añadidura permiten recibir llamadas telefónicas son estupendos y pudimos ir compartiendo comentarios y sugerencias. De nuevo recurrimos a San Google y al Principado de Andorra, ahorrando otros 49 € que dan para más de dos cargas de combustible.

En la foto adjunta podéis ver el aspecto saludable de nuestra Yamaha: tranquila, cómoda e incansable rutera, convenientemente equipada como antes comentaba.

Disculpad la extensión de este post, pero se lo debía a nuestro querido carruaje, capaz de subirnos holgadamente en 5ª hacia el Padornelo con las maletas cargadas a tope, queso curado de oveja incluido, je je.





2 comentarios:

M.Eugenia dijo...

Me ha encantado esta entrada, sobre todo porque yo nunca he viajado en moto y claro en muchas cosas no había ni caido.. como en los golpecitos...jejejejej... muy buena solucion los interfonos.
Saludos

el viajero impresionista dijo...

Te agradezco el correo. Pienso que no hay viajes pequeños ni blogs más humildes que otros,: No puedo contar tus experiencias ni tus sensaciones y ¿quién sabe lo que hay después de la próxima curva?. Un saludo